jueves, 29 de noviembre de 2012

La escopeta ¿peta?



Decía, o mejor cantaba, Germán Coppini en los ochenta que corrían malos tiempos para la lírica, supongo que el buen Germán “nowadays” hará práctica de retracto tras tanteo del status quo, no veo nada, y pensará que vivimos en aquellos tiempos un afortunado tránsito de rico lirismo.

La polémica del día, o una de las, es el temita de los indultitos que se rifan en el consejo de ministros. Javier Sanz, en su blog “Historias de la historia” nos ilumina acerca de por qué cualquiera puede ser ministro pero no maestro. Maestro deriva de magister y este, a su vez, del adjetivo magis que significa más o más que. El término ministro deriva de minister y este, a su vez, del adjetivo minus que significa menos o menos que. Años ha, el minister era el sirviente o el subordinado que apenas tenía habilidades o conocimientos. ¿Clarito?

Pues si alguna habilidad tienen los del consejo de “minuslistos” es la de defender a su casta. ¡Oh, no! ¿otra vez con tus dardos contra la diana de oligarcas? Uff, sí, que pesadez, pero de “jumbol” no hablaré.

Se me elabora “sinque”, en el cableado neuroescéptico, una espesa y agria macedonia de corruptelas de abrazafarolas, patio de recreo, vedado de caza, el gran Sazatornil en “Los Tejadillos” de los Legineche buscando al ministro, Chanquete ha muerto, para colocar sus porteros automáticos (“La escopeta nacional” 1974). Siempre he pensado que Azcona y Berlanga parían sus pelis sentados en un banco viendo pasar a España ante su glándula de la risa, de nombre timo, curioso. No habiendo ladrillo a colocar, por un modus tolens de libro hay más voluntad de coloque de parnesio para unte del que adjudica, rio revuelto, ganancia de enviciados adúlteros. Cromitos de jueces, cromitos de cargos, cromitos de cuñados, cromitos de poltronita en la cajas del ahogo, ¿jugamos a politiquear para asirnos el taco de cromitos?

En La Bastilla se custodiaba a los encarcelados sin juicio señalados por el Rey con una simple “lettre de cachet”. Su toma no es más que un símbolo del asalto al despotismo.

No hay trabajo, no hay empresa, no hay tiritas ni despensa, vueltas de garrotazo vil al diezmo, masa paupérrima de púberes en pompa para pernada. Se han quedado los juguetes que nos dieron para jugar a cocinitas de bienestar, necesitan de su acopio para reciclar fortunas.

No me canso de mentar, nos gobiernan marionetas bajo hilo del capital, marionetas que adquieren condición tal con nuestros votos de aval, se parten atertuliados el timo y la caja señores capitalistos, sentados en sus mullidos encuerados chaise longues, esperando a que circulen oligarcas a hacer caja y pleitesía mostrar. El mundo es un gran tablero.

Y quizás llegue un mal lunes en que partan los plebeyos a hacer Bastilla del lance que acabe con su paciencia, sea el exceso de diezmo o empacho de deshabitados suicidas, mas cuando vean a la plebe en orgiástica aborregada, instruccionada la marioneta, bazoka de somanta y tentetieso para topar el jaleo, y si muy mal encarado acechara huracán, frotaríanse las manos y volcaríanse al tablero, que mejor es la jugada cuando se mueve el peón que cuando calla pétreo y estoico en la casilla.

Dijo Gandhi algo del palo de que todo lo que hagamos resultará insignificante, pero hay que hacerlo.

No haremos nada más que esperar más juguetitos que llenen el calcetín, ellos lo saben. El hombre es el único animal…. Beeeeeeeee.

Luis Cardo

lunes, 26 de noviembre de 2012

La crasitud y la intrascendencia




A veces pudiera parecer que escribo sobre actualidad económica o política, si así piensas tu error es craso, curioso palabro, realmente significa gordo pero unido a error adviene en indisculpable ¿se te ocurre, lector, algún lugar en el mundo de las letras donde acomodar a craso con ajenidad a error?

Cabalgando en crasitud, si es acción indisculpable el error cuando es de bulto, me aparece tras un micro el megalómano de turno, de condición catalán por esta vez, que ayer buscaba laureles para coronar su tupé de libertador de patrias, otro cantaba hace décadas después de similar evento “he entendido el mensaje”. Queridos politiquillos, que crasos los vuestros por simples, si pensáis que de millones de mensajes plegados en sobrecitos se puede hacer media en uno.

Cabalgando en mayor crasitud y de nuevo en megalomanía, carcelera de delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia, ayer el presunto ladrón de guante real fue a verle la pupita a su monarca “descaderado” político papá “¿Qué hay de lo tuyo papi?”, “Lo mío se cura con analgésico y reposo, pero lo tuyo….”

El señor Urdangarin convencido anda cabeza altiva de que “usucapirse” más de ocho millones de eurazos nuestros, sí, nuestros, a cambio de papel de fumar o directamente humo no solo no es delictivo si no que respondía a una noble prestación de servicios a los ciudadanos. ¿Esto es crasitud o demencia? ¿Hace falta hacer mención a esos grandes delincuentes de la humanidad convencidos de ser incomprendidas Madres Teresa de Calcuta? ¿Conocéis a muchos malos malotes que presuman de ello?

Pues no, no escribo sobre política ni actualidad, escribo sobre aquello que me inquieta, y no me inquieta ni Cesar Arturo ni Ignatius Urdangarin (más tonto que J.Reilly, el conjurado necio) ¿Se puede decir tonto o será presunto? Me inquieta de ambos su condición de pura anécdota, carnaza de hemerotecas para futuros ¿he dicho hemeroteca? Quizás solo trasciendan si inspiran un videojuego.

Andaba caminando por la ciudad con emociones afligidas por el sufrir de mi hijita y solo calles desiertas veía en hora punta, puentes tendidos entre la nada y su otra orilla. Meditaba sobre la intrascendencia del todo y sobre el poder del vacío. El hombre es un puente y no una meta, ya lo dijo Zaratustra “un tránsito y un ocaso”. Tensada la cuerda entre el mono y el superhombre, vergüenza dolorosa. Dios murió, apuntaba Nietzsche, permaneced fieles a la tierra y no creáis esperanzas ultraterrenas… ¿A que parece cabal? Pues aquí el amigo alemán pasto fue de la demencia, pero no de las de trasmutado megalomanete, de la de volver “pallá” al terapeuta más hábil.

¿Qué es la vida, pues? Yo hace tiempo la concibo como la “suma de actividades en las que entretenerse desde que apareces hasta que desapareces”. Aquí el abanico es tendente a infinito, te puede poner el vicio, el poder, el hurto o la compasión, o puedes tener mal fario ya que entretener no tiene porque ser disfrute, mas siempre podrás acogerte al placebo de creencias.

Quizá el yernísimo de nuestro real soberano, pecó por zaratustriano y cayó infante, cuan Obelix, en marmita, mas de superego, y tatuándose en su esencia lo de con pan menos penas, le dio por fumarse el presupuesto con el que pagar farmacias o mantener carreteras.

Pues ¿sabeis que os digo? En fino, que hoy me hago el sayo con capa de intrascendencia, o si me pongo muy bruto poligonero, que a mí todo me la pela, pues no somos más que hombres y por lo tanto vergüenzas.

Todo menos mi angelito, que mientras haya que nadar entre la nada y la nada, arropaditos estamos con el mundo por montera y que se pare si quiere, que no nos roba el aliento.

Y esto es lo que pensaré, si veo el telediario: “Lo siento, me hago minera, me hago tortuga o me hago buzo, yo me marcho con los pulpos, con el pez raya y con los moluscos. Me fijo en los avestruces y caracoles de los dibujos. Me convierto en bicho bola, me guardo dentro y me hago buzo”. L-Kan – Me Hago Buzo


Luis Cardo

jueves, 22 de noviembre de 2012

La increíble y triste historia de la cándida España y de su banca desalmada




“Vamos a llegar al peor de los mundos porque no puede ser que recaiga todo el riesgo sobre los seres humanos, no sobre el capital”. Este pensamiento es de Rafael Correa, presidente de Ecuador. Se otorga en esta idea entidad propia al capital. Cuando un banco ejecuta un embargo ¿Quién es el banco? ¿Son sus accionistas? ¿Son sus gestores? Las decisiones bancarias las toman seres humanos, cualquier decisión es tomada por seres humanos. ¿Cuáles son los objetivos de los seres humanos propietarios y gestores de la banca, de los propietarios del capital? ¿Hacer acopio de más capital? ¿Es ese un fin legítimo, ético, loable, de recibo?

Hagamos un esfuerzo de memoria cinematográfica, sí, si recordáis el cine fue arte tiempo ha, y extraigamos de sus capas más ocultas lo ocurrido en Bedford Falls (“Que bello es vivir” Frank Capra, 1946), donde George Bailey, todo corazón, hipotecaba su vida por el bien de su comunidad administrando la compañía de empréstitos creada por su padre y destinada a dejar dinero a aquellas personas que no podían acceder al crédito bancario. La historia, en esencia, es sencilla y reconocible por habitual desde ancestro, la eterna pugna entre el bien y el mal. George no deja de ser un banquero, pero en su vida siempre es constante ayudar a su prójimo y practica el desprecio asintótico a absoluto del enriquecimiento y el superego. Y mientras, el mal no ceja su empeño, y casi consigue, en destruirle, mas todo el altruismo  sembrado en su vida brota en lluvia de ajo y crucifijo y vade retro al vampiro.

Cuenta la prensa, pendiente aún de estopa en mi pluma, que David vence a Goliat. Ricardo Barcia, gallego, emprendió días atrás huelga de hambre y camping gas ante su banco reclamando la dación en pago de su inmueble y cancelación de deuda. ¿David vence a Goliat cuando el ogro gigante se apropia de su casa? Nos venden la victoria de un hombre que perdió su empleo y no pudiendo hacer frente al pago de su casa, convenció a su banco para que se la apropiara. Y aquí me vuelve Correa: “vamos a llegar al peor de los mundos, gente que necesita casas sin casas y bancos que no necesitan casas, con casas”.

Ya desconfiado el aquí presente pecador de la rápida reacción de la bancaria entidad, y pirrado por asocios y metáforas, mis ojos veían el camping de Ricardo y su mal barbado rostro y a través de la luna de su banco no podían ver a George, sino más bien a Amon Goeth asomado en el balcón desde el que mal fusilara hordas de judíos alineados a su merced (“La lista de Schindler”, Steven Spielberg, 1993).

Schindler alecciona a Goeth dándole entidad de César, el poder no está en quitarles la vida, el poder está en perdonársela, solo dejando vivir a sus víctimas se apodera de sus vidas. ¿Y si el poder no estuviera en el desahucio? ¿Se puede seguir llenando el depósito de mala prensa y rencor ciudadano hacia la banca desalmada? ¿Y si definimos nuevas estrategias de mercadotecnia? Si hay bancos malos ¿no habrá bancos buenos? ¿Nos hacemos un fresh banking, un good banking o un angel banking? ¿Jugamos a ser los buenos?

¿Quién maneja mi barca que a la deriva me lleva?

Dios, si existe, que bendiga a los George Bailey, esos que nunca se ven porque su pecho no sacan por ser de buche humilde. ¿Somos sociedad 0 suma de individuos mirándonos el ombligo? No hay ángeles que vengan a rescatarnos del suicido, la terapia está en nosotros y todavía no nos vemos enfermos.

Luis Cardo

lunes, 19 de noviembre de 2012

La gran decepción



Algunos somos los hijos de un boom. Nacimos acullá tardofranquismos, hijos de guateque y aperturas, infancia dominguera bajo olivera o pinada de dehesa costera, vehiculados en la trasera de un Seat, sin “cintu” ni airbag, y con el aire acondicionado por la madre natura.

Nuestra vida hasta el arribo del milenio que mal nos lleva fue una promesa velada de un dulcísimo “in crescendo”. Éramos la generación con más suerte de la historia de la humanidad, ahí queda eso.

Antes de iniciarnos en conciencia política alguna se nos murió en la cama un dictador, el más freak, y conforme nuestros mayores hacían rodaje de vivir en libertad, nosotros nos la comimos noche a noche, entre ginebra y mescal. Vivimos la madre de todas las liberaciones y estudiamos carrera sin ser hijos de papá.

Partimos del boom y solo crecer merecíamos, no nos alcanzó ni el yugo ni la flecha, capas como cebollas fueron cayendo de nuestros hombros sin haberse llegado a posar, nunca fuimos vírgenes, nunca fuimos ángeles, dejamos de ser de católico obligado, dejamos de obedecer al Papa y a papá, fuimos hippies, fuimos rockers, fuimos fruitis del árbol del bienestar.

Aunque no todos sobrevivimos al desmadre ochentero, cierto resultó el refrán y  fuerte nos haría lo que no nos finiquitara, y así partimos a infinito. Todo era espuma que crece, saltamontes laborales, de uno a otro, promociona, el que no corra, tranquilo, plaza pública en subasta, y a hacer empresa el espabilado, que de ellos será el reino de los cielos ¿verdad tete?

Y maratón hacia el remate del milenio fueron llegando las pelas hasta mudar piel en euros, fuimos haciendo familias, dúplex, triplex o adosado, y llegaron los chiquillos, cada coche más potente, plan de pensión o inversión, este año a Bali y el que viene a Punta Cana, playas llenas en verano y al remonte mientras nieve, que lo mismo juego en bolsa que me apunto a lo del pase del inmueble en construcción. Y aunque el parné no alcanzara, fácil era financiar si el Euribor se deprime al ritmo del subidón.

Nos criamos jugando con pelotas de papel mas fácil nos condujimos por la autopista del bit, enganchados al pecé saltamos de tren en tren, atropellados tecnológicos no seríamos “esquelados”. Nadamos en el agua del consumo como pez aleteado, para esta habilidad no haría falta carné.

Y nadie nos lo vendió pero compramos concepto de que la vida era un cruzar desde la nada el Rubicón y sin mojarse las nalgas, echada estaba la suerte, seríamos siempre algo más, pues todo habría en mercado, cada nuevo año más alto, guapo, fashion, progre o musculado.

Y mentando a Esopo fue entonces cuando el cubo de leche cayó al suelo, y la tierra tiñó en blanco. Así fue que nos quedamos apropiados de la nada: sin vestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sin la blanca leche que nos hiciera soñar. Nos quedamos sin trabajo de donde asirnos el cántaro, se esfumaron adosados, cancunes y buenos farios. Vendimos la plata y oro y todo el fondo de armario, dejamos de consumir y de nuevo a comer caldo, en casita de mamá y de papá jubilados, el tabaco ahora se lía mientras andamos liados intentando comprender de qué vamos a vivir el resto de nuestros años.

No quisimos, no supimos, no comprendimos o vimos, mas un castillo de naipes de papel moneda hicimos como cimiento del modus con el que vivir en bienestar acomodados. Mas no hicimos sociedad, “2. f. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida”.

Los que nacieron después no han palpado transiciones desde la nada hacia el todo, nosotros que las vivimos, sociedad acordeón, vimos como hinchaba el fuelle y ahora padecer nos queda el apretón que nos deja casi sin respiración.

Si nos criamos jugando con pelotas de papel, ¿qué es lo que echamos en falta?

Luis Cardo

jueves, 15 de noviembre de 2012

La mafia que gobierna




Cuantos días sin acudir a la RAE, a veces me imagino las eruditas tertulias de los académicos, apostilla, reapostilla, pito doble, truco y paso, órdago a la chica y tiro porque me toca.

Pensaba en los acontecimientos de ayer en España, ¿se puede decir España o no se le puede mentar en vano?, huelga general, a ver ¿huelga general no es aquel evento que se promueve con el ánimo de paralizar la actividad de un país como medio de presión al gobernante? No es por malmeter y seguro incurro en renglón torcido o dioptría errada pero tengo la ligera sensación, por ende, de que este país está parado y, por allende muros de palacio, de que al gobernante carcajeado se le pone dolor de esternón al partírsele la caja.

Dice así en su tercera: “3. f. Grupo organizado que trata de defender sus intereses”. Sí, es contundente y sencillo. No se me ha olvidado poner el término definido, no, si es obvio, el título ya amenaza.

“Dime Mariano”, “Hola Alfredo ¿Cómo estás?”, “Preocupado, preocupado” “Yo también, por los desahucios” “Si, algo hay que hacer, no sea que al final se organicen y de echarnos pásense a lincharnos”. Están preocupados por si los desahuciamos, los desterramos, los expulsamos de nuestras vidas para siempre. La casta se protege, juega a compungida ¿nos hacemos un “legisli”?. Acostumbran a cambiar cromos, te cambio un “consti” por dos “supremos”, juegan al tula, se enfurrullan y hasta se demandan “vas a ir a la seño”, “si te chivas de lo mío, me chivo yo de lo tuyo” y se piden dimisión sin remisión, pero igual que a los de academia los imagino entre cartas y fichas de dominó, no sé por qué mala secuencia que se quedó en mi retina de un “Informe semanal” siempre imagino al que gobierna y opone compartiendo un cafetito en el bar de la carrera, de San Jerónimo por supuesto. Bueno, menos a Aznar, no le imagino, a los de cera les tira la sisa. 

Mafia de oligarcas, ahora me toca a mí, ahora juegas tú. Los pilares de la cosa, dinero para sustento, prensa para combustión y la urna, aval moderno. El humano ha sobrevivido en lo alto de la cadena alimenticia por su innegable capacidad de adaptación, somos mutantes, experimento, cogemos a un docto licenciado con ideas altruistas, lo elevamos al poder y muta en casta antes que el gallo se marque un tango lastimero. Y si no muta, cae, es pura física, o “le caen”, así es la mafia.

Veo “berlanguianas” escenas de cacería entre jueces y banqueros, políticos y empresarios, casta de señoritos de puro o de cigarrillo. Imagino departiendo sobre interés general “¿y de lo mío que hay?”. Y, ojo, que si te fijas, no, no es broma, no es visión, sindicalistas de pro. Para la casta no hay cuna.

Sin sangre, soy más de Gandhi, lamentaré lo siguiente, esto no hay quien lo detenga, no la revolución, por pecar hoy lo haré del palo cenizo: esta losa que nos pesa y parece nos aplaste se curará en cuanto fluya de nuevo el muy vil metal y nada se habrá alcanzado en revisión del sistema, ya no hay frentes, ya no hay luchas, solo lamento y quejío. Seré tonto, dame pan.

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar. Y las mafias, mafias son. Si algo entendiéramos de nuestra estúpida condición ni balar, no lo veis pero ellos saben que por la mani muere el pez, ni avalar al “corleone” en urna alguna, “votadme y no os pasará nada ¿capisci?”.

Despertad, si queréis, va a ser que no.

Luis Cardo

domingo, 11 de noviembre de 2012

La fuente del Páctulo

 
Sentado en su dorado trono, Midas reía en plenitud por su afortunada vida echándose monedas de oro sobre su rostro para sentir en modo lluvia la frescura de su opulencia. A su alrededor resplandores áureos cegaban su ego. Midas adornaba sus posesiones de mantos de oropel y así su vida trascurría bañada por la ventura de poseer poder y fortuna (la historia ya no nombra si también belleza, con lo cual la cuadratura del círculo hubiera sido completa).
 
La felicidad era constante en el palacio del reino de Frigia. Cada año, el día de cumpleaños de su pequeña Zoe grandes fastos acontecían, con obertura festiva anunciada por fanfarria y batucada, que si un año Bisbal, que si otro Enrique Iglesias, “todo para mi pequeña”, las mejores sedas, los más bellos diamantes y a los dieciocho un Aston Martin.
 
Y por deber ser cierto el principio de la inercia, y aunque Isaac Newton no frecuentara tertulia de palacio, he aquí que Midas cayó desconociendo mas con evidencia enredado en su primera máxima: “todo cuerpo permanece en reposo o se desplaza con movimiento rectilíneo uniforme, siempre que no actúe sobre él una fuerza exterior que cambie su estado”. Uséase que todo corpachón tiende a permanecer en el estado en el que se encuentra, que si lo tuyo es hacer fortuna, la libido se emociona si añades más capas para revestir dorados.
 
El caso es que cuando Midas hace migas con Dionisos por líos de estos de prebendas y favores de los que el cotarro manejan, el diosito agradecido le espeta al rey “amiguete, pide lo que quieras ¿nos vamos de meretrices o te recalifico alguna marjal cerca de alguna playita en las costas de algún vecino reino y así te montas un temático y cien mil cubículos de papel de fumar para gozo de avezados “clasemedia”? que la coyuntura está para pelotazos”.
 
Y tras las mil vueltas que le dieran los globos por los que ver, a modo de tragaperras que cantan la mayor, he aquí que el monarca acepta por trato negocio burbuja para dar con la ganancia nueva capa de alicatado de su idolatrado noble metal.
 
Claro es que cuando Dionisos, muy formal, le hizo presentación del contrato de cesión, cegado por su fama de convertir todo en oro, el imprudente soberano no fuera a bien percatarse ni de la letra pequeña ni del parte meteorológico que preveía huracanes que no hay burbuja que resista.
 
Y ya en harina hasta las cejas, cien mil viviendas le cabían donde antes nadaran patos y garcetas. Y por requetecegado ni importancia le dio a que allende los mares en el reino más chulin, a los hermanitos Lehman se le hubiera caído la torre de papel. Y dio por aval su reino, con enser y canesú.
 
Bueno, el final de la historia ya la sabéis por manida, estallaron las burbujas como pompas, que ni Coral ni de Fairy, y todo el  mandango sin vender, que si ejecutar avales, que si dación que me arruinas... A la reina de Frigia, viendo el mal percal, se le acabó el amor, y se fue con diputado de república cercana, de los de Ipad y dieta asegurada. La chiquilla antes más pija del barrio descubrió el placer de acampar en plaza pública y se hizo “reivindi y a coyuntar”.
 
Mas dice el mito y cierto será, que en las aguas del rio Páctulo hay una fuente de donde manan aguas de pureza tal que deshacen los entuertos de allá donde en barro metieras hasta el cuello tu osamenta.
 
Unos años antes, la historia no lo cuenta, en los bajos del dorado palacio, apartado de cetros y mundos, entre toneladas de purines, vivía con castigo de ostracismo por haber ganado fama de atracción de desgracias, Dimas el Frigio, quien todo lo que tocaba en excremento convertía, el menor de los hermanos, alimentando camadas de puercos.
 
Agraciado o desgraciado, la vida es un carrusel, quien no dice que algún día el oro será jamón.  
 
Luis Cardo

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La krisis


 
Tengo un amigo que hace tiempo que no compra dentífrico, se percató pronto de que podía aprovisionar de muestras comerciales, tampoco es tan tímido como para frenarse en preguntar de vez en cuando el precio de un empaste. Ayer me lo encontré caminando, su rostro apuntaba a las aceras “si miras a las aceras, cagalló de gos, no lo pisarás mas te afeará el paisaje, la vida es una barca”, pese a su palidez “no encuentro el pulso” su reserva de humor ácido.
 
¿Un café? “bueno, ya sabes, solo si invitas”. Inevitable hablar de temas críticos “no me quejo, sabes que no soy del gusto”, has perdido peso “¿conoces muchos chinos gordos?”, arroz y pasta, dieta exótica. Nunca fue de oropeles, si en algún tiempo hubo, alguna almeja de carril se llevo al disfrute “que bello al paladar debe ser tener posibles”, lo suyo con tener bienes siempre fue apego inseguro “dejé de guardar cosas el día que llené un contenedor de enseres de difunto”.
 
Mi amigo no da un perfil, es de los que desconcierta, piensa que en corto los demás le enmudecen por falta de afecto, cierto síndrome de Calimero, pero ¿quién sigue el rastro de un “rara avis”?. Dice que tiene todo pagado, me consta, es de los de cumplir a la antigua “quien paga, descansa”. Ha vivido como un buzo en aguas negras, “si no alcanzas a ver corales en tu líquido elemento no dejes de aletear, no sea que vayas al fondo y descomprimas”. Se ha pillado más de un dedo, no por descerebrado, va sobrado de meninge, más bien por nunca pensar bolsillo en ristre y decidir en su vida persiguiendo bienestares de mano de la emoción, procurando no hacer despiste del saber del buen Gracián y aplicando su prudencia.
 
“No necesito una casa, la cabra tira hacia el monte, pero me pilló un aval”. Vive en un lugar sencillo, pero le avaló un amigo en tiempos de más calor y el aval ahora es condena de las de bola y cadena, nunca dejará colgado ni empujará su ficha de dominó por si el efecto mariposa. Y por pecar de moderno es de los de pagar pensión de obligado cumplimiento, bajo pena de prisión, para sustentar retoños. De cualidad, responsable, ya estaría en Nueva Zelanda. No quiere hablar de juzgados para enmendarse por saber que no hay justicias allá donde habitan cuervos, saber por haber tastado “es un nido de tramposos y no sé hacer ni a la brisca”.
 
“He ajustado el presupuesto para atenderlos a todos, me he quitado de lo mío, no de vicios, que no tengo, llevo dos años viviendo de la caridad cristiana, he aguantado bien el tipo sin confiar en que escampe, mas ando algo preocupado porque el parné se ha esfumado”. Se le nota bloqueado, quiere recoger naranjas, se le pasó la vendimia por no estar espabilado, liberal de profesión, nunca quiso tener jefes, de esas de tute y vapuleo, de las que hay dinero si careces de vergüenza o minutas en dorado por ser docto 0 estar bien relacionado “no es país para mediocres, o eres de los que tienes o de los que pides, el mérito está en sobrevivir en la mitad del camino”.
 
Se reconoce en esencia ácrata, anacoreta, algo misántropo y poco artista, más por pasión estética que por conocimiento ya que es de los de aprender tocando y repudia de escuelas “soy el rey del picoteo, aprendiz de mucho…” A veces siente la vida como si fuera secuencia de un rodaje inabarcable, no sabe quién gritó “acción” ni se conoce el metraje por incierto el presupuesto para hálitos y ausencia de guión. Me contaba de una escena que rondaba el pensamiento, a la puerta de un comercio allende barrios lejanos se veía con cartoncito en regazo “si me reconoces hazme el favor de no saludarme, no es por gusto, es por susto”. Eres un peliculero.
 
“La diferencia entre dar y pedir, es que para aquello no hay vergüenza”.
 
Me despedí de él con un abrazo sincero y una receta de ánimo “de eso hay mucho en mercado, no paramos de dar y recibir los que jodidos estamos”.  Y aún con sorna espetó “nos vemos, mas no en los bares, mejor en algún paseo”.
 
Se alejó caminando, ya no iba cabizbajo, lo perdí en el horizonte de cemento y esquinas que se doblan, las manos en sus bolsillos vacios de contenido de curso legal.
 
Dignidad, divino tesoro. Si te rindes se acaba la película, camina aunque vayas desarmado por el desfiladero y sientas el aliento de mil flechas de los indios que te acechan.
 
Luis Cardo