lunes, 28 de enero de 2013

Wito fugit



Conducía por la rápida, la insípida, la estúpida, la de raíles guardados, de carriles paralelos. No la solía usar ya excepto si apretaba la prisa y no la quería apretada, ni siquiera la quería. Prefería las señales sobre fauna que transita. Acababa de partir cabalgando sobre ansias por estrecho el minutero y su condición puntual y, a pesar de haberlo visto ya apuntado en su horizonte, solo al llegar a la altura donde capturar el instante de atender al efímero cruce de sus vidas, le pareció suspenderse en el tiempo y que el segundo era día.

Volaba, volaba, el cuello en lanza y el pico punta de flecha, estirado cum laude buscando hacerse invisible al empuje del viento que oponiendo su intención con ímpetu de huracán viajaba contra su vuelo. Wito quedose pétreo viéndole no avanzar, viéndole no rendirse, viéndole convencido de no girar a lo fácil y dejarse empujar viento de cola. Y así suspendidos, eternos, en la misma dicha por saber buena su condición común acuerdo, guiño risueño, dieron rienda al lance y cruzaron prestos hacia sus puertos, contra corriente, tempus fugit, el uno graznando cua y el otro mirando al frente, puntual hacia su cita, cabalgando corcel de acero.



Luis Cardo

domingo, 20 de enero de 2013

Wito y le petit prince



Se lo encontró de nuevo, por no encontrarlo. Al no hallarlo lo buscó y, de tanto sentir su pérdida, se le hizo pródigo al volver. Fue al llegar cuando brotó a modo de burbuja en mente en blanco y se quedó a llenarlo. Wito le dibujó un cordero, cuidó su flor, deshollinó volcanes y limpió la broza de su morada dejándole así vagar entre el cosmos y descender a desiertos en busca de respuestas. Le vio partir y llegar a cada puerto, interrogar buscando el conocimiento donde habitaba lo vano, hueco, la vergüenza, lo esclavo y tirano. Por no encontrar el saber en hombres, atendió por viejo al zorro y confió en el áspid para volver en sí y ser parte del todo hasta que la nada llegue.

Y Wito pensó en Antoine y se sintió reencarnado en su soledad. Pensó si aquél último día aquí mientras planeaba en lo azul, lo efímero y lo bello, hubiera cerrado sus ojos, vacío de respuestas, pincelándose un destino. Y así Wito miró atrás y vio del túnel la boca, no viendo negro su hueco sino del color del mar, aroma de nube fresca, caldeado por el sol. No quedaba otro remedio, pues era el bueno, que sonreír, ajustarse los cuellos, aflojarse los puños y al llegar donde bifurcan dos caminos, elegir andanza por en medio. Sí, querido príncipe, en la pregunta estaba el saber.



Luis Cardo

domingo, 13 de enero de 2013

Wito ya es mayor



Buscaba espacios, espacios de tiempo y espacios de calma. Comenzó a entregarse pues a la tarea de achique, atendiendo a no caer en despiste que produce su responsable quehacer. Mañana de abrigo y guante bajo sol helado de cierzos, caminaba serio el semblante y la sonrisa en poro. Se acomodó a desmembrar sus sueños y acomodaba el alma a propiciar el nuevo. No le llegó en modo alguno vocación adolescente mas ahora sí el sabor de llegar tras lo vivido, que no fue poco sino tanto.

Dedicó el día al esquema, al adelanto y la purga, a bien retar al ácaro y a la tecla. Se alimentó acompañado entre puyitas almidonadas, dado suelta la rienda a la carcajada bien hallada. Y horas después, en breve orden y en concierto plegó el quehacer para atender a evento de quien exponía la ilusión sensible captada por sus ojos. Wito inspira, respira, expira, templa y sonríe, Wito no tiembla ni teme, siembra y espera, atiende al semillero y saluda al sol por el sutil brioso paso que abre entre nubes sin desprecio a la grieta ínfima con el que llenar su espacio llamado luz. Wito ya es mayor, mas crece. 


Luis Cardo

lunes, 7 de enero de 2013

Wito remember this



Se debatía, o más bien no, porque ya había concluido sobre la verticalidad del amor. Practicaba constante y en modo inspiración su ejercicio no aeróbico favorito, la metáfora. Los días fueron de inocua intensidad festiva y rica meditación. Las garzas, sin embargo, permanecían inmóviles aguardando la rotura del labrado para acechar al gusano, como si fueran humanas. Le llegaban mil señales, de las que reafirman lo pensado, si ya me lo había dicho yo, la vida es miedo y solo el miedo nos justifica, cualquier coetáneo será extranjero en el laberinto y pondrá en lid contra el tuyo su miedo, ya sea noble o bastardo.

Fue desinstalando dramas, desatascando arterias y reubicando status, mirada rápida en derredor de si, balance justo, bajó los graves, amansó agudos y se mostró el reflejo de esa sonrisa satisfecha del sorprendido por lo hábil de su manejo. Y decidió ausentarse de abrevar palabras con la manada, no interesado en acomodarse al rol de ser sí mismo a los ojos del común, defecto o virtud del suricato que avista el mundo desde el montículo de lo aprendido, lo masticado, lo repetido, regurgitado, ramoneado. Y en ese instante llegó en reseña que el arte es guerra y ajustó sus pinturas como cherokee que avista un fuerte. Get the balance right, do you remember this? Pues ¡a bailar!.  



Luis Cardo

martes, 1 de enero de 2013

Wito silencia



Tras cesar días de púberes, Wito penetró en la noche y se hizo coqueto con el hábito de humanos de deambular por lo etílico al asueto. Nadó con la hábil virtud del que su ropa ha guardado, ropa de cambio de ciclo coartado en el calendario. Le fue sencillo rejonearse una apostilla a modo de resumen, habló demasiado en el reciente antaño dejándose apropiar por el manto del mundano que tras fiebre le apelmazara en viciados letargos. Mas no dejose, no, las alarmas conservaban eficaces sus baterías.

Estando y no estando en convivencia se entregó real, se sintió ensoñado, a la tarea sin razón de trazar planes para la mitad del todo, para el resto del tiempo. Quiso en su voluntad echar cerrojo y perder la llave del tránsito y la aprehensión pasada, dando por bueno lo falto y lo presente. Sintió de nuevo su estado en modo revolución y dio instrucción a sus sentidos para no desactivarse en guardia. Esperó paciente el cese de su nueva migraña, cervical, y dispuesto a parar el mundo para bajarse de él, se acomodó en su imperio y se entregó a la tarea de gobernarse. Año cero, naciendo. Espera cruzárselo al volver a casa, tan azul y caminante.


Luis Cardo