jueves, 27 de febrero de 2014

La balada del ocaso de Balanstrabinya


El anciano Balanstrabinya practicaba asiduo diario descanso bajo la sombra de un manzano. Acostumbraba a aposentarse en las horas del sesteo sobre una manta de lino y un bien mullido almohadón bordado de antiguo.

Al llegar, Balanstrabinya, en posición estirada, pie derecho sobre izquierdo y manos sobre su pecho, a modo de faraón, disponíase a la siesta, contemplando el azul cielo entre las hojas frutales, dejando al viento jugar con el verde en sus retinas. Dormíase lentamente, dejando apagar sus párpados por el morféico placer de abandonarse a la nada.

Apenas unos minutos permanecía así ausente, volviendo a reincorporarse como si fuera un nacer, mas sin llanto ni palmada, solo como un despertar desde el cero hasta la vida, siendo su primer pensar sobre el manto azul y verde que cálido le abrigaba.

Y acostumbraba a lanzar un guiño al azul del cielo y una caricia al manzano, sin olvidarse del sol, al que por cortés respeto de soslayo remiraba.

Las horas tras despertar las dedicaba a pensar, contemplar y sentir brisas, hasta que al caer la tarde ya por costumbre adquirida, algunos niños y jóvenes se acercaban al frutal por una pequeña senda que acompañaba a un arroyo. Entonces Balanstrabinya, ya inspirado por vivido, asía firme sus manos al madero de su cítara y hacía bailar sus dedos sobre notas y armonías, recitando a los presentes  experiencias de su vida, de aquello hacia donde fue y de allá de donde vino.

Mientras exista un manzano en pie regalando frutos siempre quedará un anciano que nos pueda convencer de que todo no está en ir y ni siquiera en volver.

Luis Cardo

miércoles, 5 de febrero de 2014

Una bagatela al alba


Acabo de nacer y aquí me tengo, la primera vista es extraña, naranja sobre las sombras, luces de exterior mas no es el sol, serán farolas. Hagamos el repasito: quién soy, dónde estoy, ya me acuerdo, que día soy, creo que lunes, quizás no, ahora lo miro en la agenda. Y por qué tan pronto, ¡ah! sí, porque me gusta, a quien madruga ¿quién le ampara? A ver que tengo que hacer, voy recordando, parece seré de colores, no apunto a grises.

Quisiera comenzar rápido mas siento no tener prisa, me retengo en pensamientos, ¡uy! que complejo resulto ¿en qué mente amanecí? ¡ah! me recuerdo de ayer pero en modo de sustancia, no fui aciago, nunca soy, no fui angustia, la perdí, fui de color salmón con virutitas de gris, no por migraña o pesar, creo que fue por cansancio o por estar incubando algún caldo de bacterias.
No lloveré, dice el cielo, y voy a resultar cálido, iré de aquí para allá, me pararé en mí cien veces, asistiré a los asuntos, ensoñaré en mil instantes, y algún lienzo empañaré de bermellón o de malva, de azul cobalto o de añil. Veré caras y caritas, pálido rostro y sonrisas, deambulantes de a pasito y pastantes de la prisa, y entre todos fluiré como ya sé que acostumbro, en alguna dirección o desde allá para aquí, nada es partida o destino si no un tránsito constante en el que encuentras placer o quedas en sinsentido ¿no escucháis la música?.

Quizás no me presenté, no es que no tenga modales, es que acostumbro a flotar sobre los mundos reales, esos que tanto amáis los que os manejáis tangibles sobre asfaltos de alquitrán. Soy la mera conjunción de la vida en un leve e insignificante punto. Soy el día, soy yo mismo, soy mi vida, sí, soy yo, en este preciso instante, mi límite y mi horizonte, mi eternidad y mi ocaso.

Viva la vida, presente, que las ausencias vendrán, mas no las esperaré, por estar tan ocupado viviendo mi vida entera.

Luis Cardo

Publicado anteriormente, el 4 de febrero de 2014, por mi estimada amiga dominicana Adanellys Hayes, a quién se lo dedico, en su blog:
http://vitahayes.wordpress.com/2014/02/04/de-los-amigos-luis-cardo-navarre/