miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ese de sepia, eme de mújol


Erase que se era un pez gregario de cabeza aplastada, gruesos los labios, cuerpilargo y resultón. Erase una vez un mújol.

Erase la misma vez que se era aquel buen mújol, un cefalópodo de cuerpo ovalado, de concha caliza cubierta de piel. Erase una vez una sepia.

Y como misma vez fuera, he te aquí que se encontraron en alba de cielo gris el morrudo y la ovalada, deambulando por un mar acenagado y returbio. Se intercambiaron saludos, “buenos días” “buenos sean” ¿como vas de huevas, guapo? “tirandito, no me quejo, cierto es que hubo mejores, pero cierto sea también que de trances peores supuré”.

Erase una vez un mar que mutaba entre los platas y azules, un mar tanto de ola brava como de la calma chicha, de cálidos y fríos temblores, de espumas y de corrientes, un mar en el que vivían sepias, mújoles y gambas, compartiendo el alimento y ajenos a tiburones.

Hubo una vez un mar en el planeta Utopía.

Luis Cardo

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