lunes, 10 de noviembre de 2014

Génesis de Abilinio Dopenmeister


El día que iba a nacer Abilinio Dopenmeister no estaba de humor.

El tiempo de maduración en seno materno no había sido un vano abandono a la tarea de su engorde y maduración en entorno líquido. La inmersión ahora amniótica, y esto iba a ser una constante futura al sumergirse, le facilitaba una ralentización del maná de sus pensamientos. Esta menor velocidad en el nacimiento de sus ideas dotaba y dotaría siempre a las mismas de preclaridad y armonía.

El día que iba a nacer Abilinio pensaba en la gravedad. “No me va a resultar fácil tener que vencer al peso, creo que se va imponer lo denso cuando precise fluir”.

El día que iba a nacer Abilinio tenía miedo porque se sentía inhábil y temía a las miradas… “será necesario vestirse, mas quisiera andar desnudo, y no solo de hábito, también de acopio de muda”.

Sabía lo que iba a ser y adónde iba a llegar, mas el punto de inflexión le mantuvo preocupado, y entre tanto pensamiento pronto alcanzó a comprender por qué su primera voz después de que la luz le inundara debía ser llanto extremo, el mismo que, aunque en silencio, retornara cuando apague.

El día que iba a nacer Abilinio Dopenmeister no estaba de humor y por ello decidió sonreir ante lo único inevitable. Así fue que trascendió al nacer en aquel mundo global, al que dio la vuelta al orbe con este su pie de foto “nace en Wotslavia tras fácil parto un bebé entre carcajadas”.

Y el mundo quedó perplejo por no poder comprender.

Luis Cardo

No hay comentarios:

Publicar un comentario