lunes, 17 de agosto de 2015

Ficciones en una mañana cálida y húmeda


Asido a un ungüento intrarrectal descifraba con dificultad los códigos de su telaraña intracraneal.

Ululaban fuera las lechuzas, graznaban urracas y piaban pollitos. A su alrededor algún vástago dormía y alguna costilla resoplaba. Kafka aguardaba inquieto y Leroux indiferente, lienzos en blanco desperezaban sus letargos y los planes llamaban a la puerta de sus ilusiones.

Cerca una guitarra cantaba sobre dos notas desacompasadas acompañando a graznidos, pio-píos y ululadas. La vida visible desafinaba en un constante torrente inarmónico irresoluble.

Y en este limbo que no era impass se iban deconstruyendo los caminos avanzados desde la nada a lo absurdo de sus todos, sentía las capas de la vejez depositándose en sí, ni añorando juventud ni temiendo a sus arrugas. Con los ojos entreabiertos se ensoñaba sin dormir, soñaba en el aire limpio y en la frescura del agua, soñaba en verdes, en naranjas y amarillos envueltos en manto azul. Creaba escenas de amor entre inertes, vertebrados, semovientes o reptantes, entre lo gris y la noche, entre luz y lo profundo. Y sentía el giro en etérea rotación de lo absoluto, proyectándose observador de la armonía del conjunto.

Desde la incierta certeza de que la nada lo es todo y de que el todo es la nada, se acomodó a lo único que da sentido a existir, fuera ahora denso o fluido.

Siento, ergo vivo. Y sintiendo, yo soy yo. Ya muertos…. seremos uno y lo mismo, en el vacío común.

Luis Cardo

sábado, 21 de marzo de 2015

La ciclogénesis de Popea


Deambulaba entre ungüentos y sábanas de Palacio Popea Sabina, musitando en sus adentros el ansia de sustentar el laurel que mereciera por haberlo así ganado entre pronos y supinos pasando por comisuras.

No bastábale ser dueña del favor de emperador, cegado por encelado. No bastaba en lo privado ser la reina del festín, ama de llaves del cáliz al que regalar buen vino, para así bien disponer de la voluntad del amo, del amo de los demás, dócil mastín en su mano.

Si quieres manipular el poder de los melifluos, hazle caer, mientras Baco acompaña sus descansos, la sombra de la sospecha de aquellos que lo rodean medrando por su corona, sin que tenga ni un asomo de lucido pensamiento sobre la cierta amenaza de quien endulza su lecho.

Popea, la amante, susurra, Nerón quien mata a la madre que le hizo desde entraña. Popea, amante, pretende, y Agripina, esposa, fenece. Nerón quien pica en su Flandes, Popea quien compra el laurel sin estipendio en metal, que para facturas pagar bastan billetes de carne.

Mas he aquí hay que cuidarse del borracho tan suelto y resuelto en ejecución, no fuera que en un mal día tuviera a bien coz soltarte cuando menos lo esperaras, fueras amante, criada, emperatriz o capricho, solo por no controlar ni pasiones ni arrebatos, porque dicen que los dioses hacen reparto de mocos a quien las mangas ensucian.

Popea, querida, que de reina por emperador preñada a difunta por borracho coceada se pasa por el filo de un santiamén en menos que canta un pollo.

Luis Cardo