sábado, 21 de marzo de 2015

La ciclogénesis de Popea


Deambulaba entre ungüentos y sábanas de Palacio Popea Sabina, musitando en sus adentros el ansia de sustentar el laurel que mereciera por haberlo así ganado entre pronos y supinos pasando por comisuras.

No bastábale ser dueña del favor de emperador, cegado por encelado. No bastaba en lo privado ser la reina del festín, ama de llaves del cáliz al que regalar buen vino, para así bien disponer de la voluntad del amo, del amo de los demás, dócil mastín en su mano.

Si quieres manipular el poder de los melifluos, hazle caer, mientras Baco acompaña sus descansos, la sombra de la sospecha de aquellos que lo rodean medrando por su corona, sin que tenga ni un asomo de lucido pensamiento sobre la cierta amenaza de quien endulza su lecho.

Popea, la amante, susurra, Nerón quien mata a la madre que le hizo desde entraña. Popea, amante, pretende, y Agripina, esposa, fenece. Nerón quien pica en su Flandes, Popea quien compra el laurel sin estipendio en metal, que para facturas pagar bastan billetes de carne.

Mas he aquí hay que cuidarse del borracho tan suelto y resuelto en ejecución, no fuera que en un mal día tuviera a bien coz soltarte cuando menos lo esperaras, fueras amante, criada, emperatriz o capricho, solo por no controlar ni pasiones ni arrebatos, porque dicen que los dioses hacen reparto de mocos a quien las mangas ensucian.

Popea, querida, que de reina por emperador preñada a difunta por borracho coceada se pasa por el filo de un santiamén en menos que canta un pollo.

Luis Cardo

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