lunes, 17 de agosto de 2015

Ficciones en una mañana cálida y húmeda


Asido a un ungüento intrarrectal descifraba con dificultad los códigos de su telaraña intracraneal.

Ululaban fuera las lechuzas, graznaban urracas y piaban pollitos. A su alrededor algún vástago dormía y alguna costilla resoplaba. Kafka aguardaba inquieto y Leroux indiferente, lienzos en blanco desperezaban sus letargos y los planes llamaban a la puerta de sus ilusiones.

Cerca una guitarra cantaba sobre dos notas desacompasadas acompañando a graznidos, pio-píos y ululadas. La vida visible desafinaba en un constante torrente inarmónico irresoluble.

Y en este limbo que no era impass se iban deconstruyendo los caminos avanzados desde la nada a lo absurdo de sus todos, sentía las capas de la vejez depositándose en sí, ni añorando juventud ni temiendo a sus arrugas. Con los ojos entreabiertos se ensoñaba sin dormir, soñaba en el aire limpio y en la frescura del agua, soñaba en verdes, en naranjas y amarillos envueltos en manto azul. Creaba escenas de amor entre inertes, vertebrados, semovientes o reptantes, entre lo gris y la noche, entre luz y lo profundo. Y sentía el giro en etérea rotación de lo absoluto, proyectándose observador de la armonía del conjunto.

Desde la incierta certeza de que la nada lo es todo y de que el todo es la nada, se acomodó a lo único que da sentido a existir, fuera ahora denso o fluido.

Siento, ergo vivo. Y sintiendo, yo soy yo. Ya muertos…. seremos uno y lo mismo, en el vacío común.

Luis Cardo