viernes, 1 de julio de 2016

Nosferatu que juega al mus


Corre el año cincuenta de la Era Única. Aparcado el vehículo bajo sombraje de baladres de hoja blanca, se dispone a hacer acopio de cebollas y paisanos (llámame pimiento o bien calabacín) en tienda soto huerta, lugar de la Mediterrània ni libre ni dependiente, de cuyo nombre recuerdo mas no hare mención.
           
Hay pre y post trasiego de ondas intracelulares (de celular a celular) que parecieran guión de celuloide, Bergman, Von Trier o bien Berlanga si hubiera sido albino finlandés. Acostumbrado a tanta banal, a tanta superflua y a tanta aburrida (conversación) no advierte ni en tono ni por tema que Nosferatu es quien le invita a jugar otra partida de mus. Nosferatu por lo pálido, por sutil, tan distinto a aquel denso Belcebú que en otro tiempo le visitara alevoso y nocturno.

Pero trompeta de alguno más de la guarda, cancerbero perhaps de ejecutores emocionales, inundó de ajo pestilente depurativo toda atmósfera respirable, y despertó de otro sueño de seducciones malsanas, buscó de nuevo y entre dos nubes un desfiladero hacia sí.

Luis Cardo

lunes, 30 de mayo de 2016

Desasido a/de los cuerdos


En una galaxia limbo entre cuerdas y vacíos, año épsilon después de Gurú Jobs, deambula analógico con aspecto humano y mirada extrañada. La lejía le ha causado disonancia perceptiva, no escucha sonidos sino ecos, observa el entorno en modo mirilla, todo se ovala, anulado el olfato y erizado el vello, le quedaría el gusto intacto mas perdió el apetito.
           
Recluido por voluntad sobre su quimera, a la que apenas somete, contempla el nacimiento de sus pensamientos e intenta encuadrarlos en un ritmo intuyendo un diapasón. Perdió la melodía, violada en todas aquellas esquinas por las que viró en sus ocasos. Sabía pues incierto que alcanzara la armonía entre su “qué” y su “hacia dónde”, mas su empeño no era obviado.
           
La cabeza, sobre su cuello, sustento de su meninge, estraza sobre gris, periscopeaba en derredor, a poniente y hacia oriente, trazando órbitas a norte y desnortes a sur. Sus córneas lucían músculo para suplir a magullada sinapsis, mas creíase ciego en la búsqueda de un cuerdo que asomara sobre sí, al que en vano aspiró asirse, asirse a ó asirse de, que tanto diera.
           
Y así, desasido, loco y rodeado, advino en perplejo.

Luis Cardo